Antonio: el creador de vínculos

autour_pp_antonio.jpg Para nosotros es un placer y un deber darles a conocer a aquellos que, como ustedes, aman al Principito y se reúnen en torno a él. Hoy iremos a Italia para conocer a Antonio Massimo Fragomeni. Es filántropo y un gran amigo del pequeño príncipe. cuando lo encontró, Antonio ya no era un niño. Joven adulto de unos treinta años, buscaba un regalo para una amiga de la universidad. Encontró un libro pequeño, que nunca había visto antes, y le pareció interesante: El Principito. Cosa curiosa, o suerte, su amiga ya lo tenía, en original y en traducción. Antonio conserva entonces el libro, que se mezcla sobre su escritorio con sus libros de informática.

El valor de la niñez
Al cabo de dos meses, abre el libro por casualidad y queda deslumbrado: « Encontré de un golpe miles de cosas esenciales, que había olvidado al crecer ». Antonio se da cuenta que ha sido domesticado por su amiga (aquella a la cual quería regalar el libro) y reconoce que el zorro que da lecciones de vida al pequeño príncipe tenía razón. Se da cuenta de pronto hasta qué punto los valores de la niñez son importantes, esas cosas simples en un tiempo en que se descubre el mundo con inocencia, en que uno aprende

a conocerlo con candor, y en el cual los sentimientos que se experimentan tienen la verdad deslumbrante de lo espontáneo: « soñamos, miramos alrededor nuestro, con nuestro corazón y nuestra fantasía ». El adulto, considera Antonio, conoce mejor la realidad, comprende mejor los problemas de la vida, pero le « da la espalda » a su infancia.

El valor de la amistad

autour_pp_biblio1_antonio.jpg Estimulado por lo que acaba de descubrir gracias al pequeño príncipe, Antonio se pregunta si no habrá sobre esta tierra otras personas que sientan lo mismo que él por este amigo encontrado en las páginas de un libro. Tuvo la idea de crear un sitio Internet consagrado al libro, en el cual cita el famoso capítulo XXI, el del encuentro del pequeño príncipe con el zorro. A los que visitan su sitio, Antonio quiere entregarles un mensaje que le parece de extrema importancia: « Compren el libro, léanlo y regálenlo ». La colección no es el primer objetivo de Antonio. No quiere acumular ediciones ni ejemplares raros, como el hombre de negocios del capítulo XIII que acumula riquezas sin saber por qué, por el simple placer de poseer. Su ejemplar de El Principito es para Antonio único en el mundo. Las ediciones españolas, francesas e inglesas fueron acompañando naturalmente a la italiana, por curiosidad, para ver cómo sonaban esas palabras y esas frases en otro idioma, y también porque los internautas que pedían la edición italiana le enviaban, a

cambio, la edición en su propio idioma. En un momento, Antonio cambia el fusil de hombro: coleccionar ediciones extranjeras, dar a conocer a El Principito en el mundo entero, es la mejor manera de rendir homenaje a la obra de Saint-Exupéry. Para Antonio, sus 440 ejemplares del Principito en 173 idiomas y provenientes de 98 países son « una colección de vínculos ». Es cierto que posee algunas ediciones raras, pero no es eso lo esencial. Lo esencial, lo que « es invisible a los ojos », se encuentra en esta red de amistades que ha tejido en todo el mundo gracias al Principito.